El análisis de la prensa dominical expone la coreografía del poder conservador. El Mercurio exige militarizar la vida civil. La Tercera impone la ortodoxia del gran capital. Disputar el futuro de Chile requiere quebrar este cerco comunicacional.
El verdadero estado mayor de la oligarquía
El primer mes de José Antonio Kast en La Moneda ratifica una certeza histórica: la derecha chilena gobierna desde las salas de redacción. El Mercurio y La Tercera operan como el verdadero estado mayor de la oligarquía nacional. Constituyen el dispositivo central del bloque de poder, una maquinaria ideológica dedicada a fabricar sentido común reaccionario y blindar la restauración autoritaria. Clausuran cualquier horizonte de transformación popular. En la disputa por la hegemonía, el duopolio aplica una calculada división del trabajo, desplegando dos frentes de batalla para sostener a la élite.
El Mercurio: La pedagogía del miedo y el Estado policial
El decano de la prensa asume el control moral y el disciplinamiento de los cuerpos. Construye al enemigo interno de este nuevo ciclo político. Su primera plana decreta con alarma una “Escalada de violencia estudiantil”, preparando el terreno para la represión. Sus páginas editoriales exigen la instauración de un Estado policial. Titulan sin pudor que las rondas policiales en los colegios van en “la línea correcta”, pero reclaman mayor coerción al catalogarlas como “insuficientes”. Reducen la crisis integral de la educación a un asunto estrictamente delictivo.
Para validar la criminalización de la protesta, destacan en portada a líderes estudiantiles anunciando una “estrategia de agitación y movilización”, confirmando su tesis del enemigo acechante. Complementan esta narrativa citando a personeros oficialistas que acusan a la izquierda de usar la violencia como “un instrumento político”. Las rondas de uniformados representan una pedagogía del miedo, un mecanismo punitivo diseñado para quebrar la voluntad de las nuevas generaciones. Imponen el orden mediante la coacción para garantizar la sumisión social.
La Tercera: La gerencia tecnocrática del despojo
Copesa asume la gerencia tecnocrática del despojo. La Tercera evalúa al Ejecutivo mediante las métricas frías de un directorio corporativo, aplicando su “Test al gabinete”. Bajo este relato, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, emerge como el jefe de Estado en las sombras, el garante absoluto de los grandes grupos económicos. El medio celebra su imposición sobre el comité político y sentencia que el secretario de Estado ya “había rayado la cancha”.
El diario decreta el beneficio tributario a los súper ricos como dogma intocable. Plasman en portada la advertencia de sus alfiles parlamentarios: “La rebaja del impuesto corporativo es irrenunciable”. La ortodoxia neoliberal somete la conducción política al dictado de los mercados. Defienden las ganancias del capital y asfixian las aspiraciones salariales de la clase trabajadora. Instalan a los voceros del empresariado para frenar las demandas populares, advirtiendo sobre el salario mínimo que “a veces hay que contenerlos”. Elevan la voz de los poderes fácticos, citando a tecnócratas como Vittorio Corbo para exigir que el país reciba “un remezón”, una clara amenaza de ajuste estructural. Diseñan la arquitectura material para escalar otra fase del saqueo en manos de la clase patronal.
Desmantelar el partido mediático
Ambos consorcios conforman una fortaleza oligárquica. El Mercurio administra el castigo. La Tercera asegura la tasa de ganancia. Juntos estructuran el partido mediático encargado de sostener a un gobierno subordinado al poder financiero. Funcionan como los cancerberos del privilegio. Transforman los intereses de una minoría en el supuesto interés general de la nación.
Enfrentamos una ofensiva de la reacción. Disputar el poder en Chile exige destruir este monopolio de la verdad. La batalla política de nuestro tiempo requiere articulación popular, audacia teórica y organización de base. Derrotar a esta maquinaria impone una tarea ineludible: fundar trincheras comunicacionales propias, construir un nuevo sentido común y desmantelar, pieza por pieza, este aparato de propaganda.
Jean Flores Quintana, politólogo, Observatorio de Medios – ICAL
