

En el trabajo de recuperación de la Biblioteca del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz se han encontrado mucho más que libros. Entre las páginas de estos aparecen nombres, firmas, dedicatorias y anotaciones que permiten reconstruir parte de la historia de quienes los leyeron, conservaron y pusieron en circulación.
Uno de estos hallazgos corresponde a un ejemplar que lleva la inscripción: “Kirberg, julio de 1974, Ritoque”. Se trata de Enrique Kirberg Baltiansky, rector de la Universidad Técnica del Estado entre 1968 y 1973, quien tras el golpe de Estado fue detenido y enviado al campo de prisioneros de Isla Dawson. En 1974, junto a otros prisioneros, fue trasladado al campo de concentración de Ritoque, donde continuó privado de libertad. En sus memorias al respecto, Kirberg señala:
“Allí estuvimos un poco más tranquilos, pudimos estudiar (…) Fue un tiempo extraño, porque nos encerraban para contarnos, pero no fue tan malo como Dawson (…) Nos permitían visitas una vez a la semana. A un oficial le presté Pantaleón y las visitadoras [de Mario Vargas Llosa] y me lo devolvió con mucha brusquedad. Parece que no le gustó” (Cifuentes, 1999, p. 102).
La propia voz de Kirberg da cuenta de que, aún en cautiverio, él y sus compañeros encontraron la manera de estudiar y de mantener una vida intelectual activa. Así, la inscripción en este libro parece ser una huella de esa resistencia cotidiana, ya que no solo registra un nombre y una fecha, sino el gesto de un hombre que, privado de libertad, siguió leyendo.
El ejemplar que lo acompañó mientras enfrentaba la prisión política y la incertidumbre sobre futuro se trata de Diagnóstico final del escritor Arthur Hailey, una novela que explora la ética y la ambición en el ejercicio profesional de la medicina. El contenido del libro tampoco es un detalle sin importancia, nos habla de los temas que circularon entre quienes, aun privados de libertad, continuaron reflexionando y leyendo. De esta manera, la breve anotación realizada en Ritoque hace más de cincuenta años se convierte hoy en una evidencia material del encuentro entre un lector, un libro y un momento específico de la historia de Chile.
Este no es el único ejemplar con anotaciones de su puño y letra en la colección de la Biblioteca ICAL. La biblioteca conserva otros libros donados por Kirberg, con inscripciones de distintas fechas que lo acompañaron en diferentes momentos de su vida. Su presencia nos recuerda que las bibliotecas no solo reúnen libros, sino que también conservan rastros de comunidades intelectuales, políticas y humanas que se proyectan a través del tiempo, y que cada ejemplar puede guardar huellas de experiencias vitales y políticas que trascienden el contenido de sus páginas.
Recuperar esta biblioteca implica, por tanto, mucho más que ordenar y preservar un patrimonio bibliográfico. Significa también rescatar las historias que permanecen silenciosamente guardadas entre sus páginas y reconocer que cada libro puede contener una parte de la memoria de quienes construyeron esta biblioteca y, con ella, una forma de hacer política y cultura en la historia de nuestro país.

