El montaje para la primera Cuenta Pública de José Antonio Kast está listo. El poder mediático asume su rol histórico con total descaro. El Mercurio y La Tercera secuestran la realidad material e imponen una agenda de terror. Su objetivo resulta evidente: estructurar un sentido común reaccionario, blindar al mandatario de extrema derecha y anestesiar las expectativas populares. Decretan el látigo del ajuste fiscal y el garrote de la represión. Frente a esta maquinaria, el campo popular enfrenta una urgencia ineludible: salir de la trinchera defensiva y articular un horizonte transformador radical para devolver la soberanía al pueblo.

El Chantaje del Desempleo y la Urgencia Redistributiva
La ofensiva de la oligarquía arranca manipulando las cifras económicas. Las portadas sabatinas instalan el dramatismo para domesticar a la clase trabajadora:
La Tercera: “Mercado laboral empeora: desempleo supera el 9%”.
El Mercurio: “El desempleo en Chile escala a su peor nivel desde la pandemia”.
Presentan la cesantía como un castigo implacable. Ocultan deliberadamente la devastación provocada por las políticas neoliberales. Esta manipulación opera sobre los miedos básicos descritos por Enrique Pichon-Rivière —el terror a la pérdida del sustento— para paralizar la organización colectiva. El progresismo asimiló la ortodoxia financiera y entregó el terreno donde hoy Kast profundiza el modelo.
La Tercera ejerce de capataz. Su editorial dominical reprende con dureza patronal al ministro de Hacienda por alertar sobre la deuda pública. Exigen sumisión total. La alternativa obliga a asumir el control estatal. México nacionalizó el litio; Brasil impulsa un impuesto global a los superricos y Noruega financia derechos universales mediante el control de sus hidrocarburos. Chile requiere planificar el desarrollo garantizando trabajo digno con inversión pública masiva. Resulta imperativo recuperar los recursos estratégicos y aplicar una reforma tributaria agresiva a las grandes fortunas.
La Invención del Enemigo Interno y la Seguridad Democrática
La seguridad pública opera como el segundo eje de dominación. La Tercera aplaude al nuevo ministro de Seguridad por mantener el diseño represivo del gobierno anterior. Kast cosecha los frutos de la derrota cultural de una centroizquierda cómplice.
Simultáneamente, El Mercurio activa la criminalización preventiva con su editorial “Amenazas de agitación callejera”, reduciendo las demandas estudiantiles a simples peligros públicos. El duopolio necesita fabricar un enemigo interno para legitimar la violencia de Estado como ritual necesario.
Desmontar este populismo punitivo resulta imperativo. Las democracias escandinavas exhiben tasas de reincidencia mínimas gracias a gigantescas inversiones en protección social. Una política de seguridad democrática exige someter a las fuerzas policiales al control civil. La paz comunitaria se construye atacando la desigualdad territorial mediante una inyección masiva de recursos en los barrios periféricos.
La escenografía de esta Cuenta Pública evidencia el miedo de las élites a su propio pueblo. Mientras el presidente lee su libreto atrincherado tras vallas policiales, la oligarquía confía la supervivencia de su modelo al blindaje del duopolio mediático. Derrotar esta maquinaria del engaño exige una ofensiva audaz.
Las fuerzas populares enfrentan la tarea de construir aparatos de comunicación masivos y promover leyes antimonopólicas efectivas. Recuperar la soberanía de la palabra y romper el cerco ideológico marca el paso fundamental para transformar la indignación ciudadana en un proyecto emancipador.
Jean Flores Quintana, Observatorio de Medios ICAL
