La crisis estratégica en La Moneda entre el pragmatismo de Claudio Alvarado y la urgencia de Jorge Quiroz encubre el verdadero corazón de la Ley de Reconstrucción Nacional. La prensa hegemónica relata el quiebre interno del gobierno durante este fin de semana omitiendo deliberadamente la magnitud económica del proyecto.

El secreto de esta tensión apunta al salvataje de las utilidades acumuladas del gran capital. Para lograr este objetivo, el oficialismo diseñó una estrategia de dos caras:

La herencia intocable de la Dictadura

Para entender la desesperación del ministro de Hacienda resulta indispensable traducir el lenguaje contable a la realidad del chileno de a pie. Los datos publicados en las páginas 14 y 15 del Diario Financiero (lunes 25 de mayo) revelan una cifra escandalosa: las utilidades empresariales pendientes de tributación final ascienden a US$ 433.211 millones. Este monto supera con creces todo el Producto Interno Bruto (PIB) anual del país. Este botín tiene un origen político claro en 1984, bajo la dictadura de Augusto Pinochet. El mecanismo vendido en su momento como un salvavidas de emergencia para una economía en ruinas terminó transformado en la arquitectura permanente de la desigualdad chilena. A cualquier trabajador le descuentan impuestos de su sueldo todos los meses; las grandes empresas, en cambio, obtuvieron el privilegio de acumular sus ganancias en una bóveda intocable.

A través del Fondo de Utilidades Tributarias (FUT) —disimulado hoy bajo las siglas RAI (Rentas Afectas a Impuestos) y STUT (Saldos Totales de Utilidades Tributarias)— se desató una acumulación sin límites. La oligarquía chilena utilizó este fondo para fines ajenos a la productividad. Optaron por crear sociedades de inversión en cascada, eludir impuestos y amasar fortunas gigantescas a costa del fisco.

El resultado consolida un perdonazo histórico donde muchos capitales acumulados en los años 80 y 90 jamás pagaron sus impuestos finales. Hoy, la reforma de Kast ofrece a estos mismos empresarios retirar ese dinero pagando una tasa preferencial de apenas un 10%.

Un voladero de luces para encubrir el botín

El perdonazo del FUT y las migajas del gobierno en la Megarreforma

El Ejecutivo carece de los votos en el Senado para aprobar este despojo. Ante la debilidad parlamentaria, el gobierno activó la urgencia de Claudio Alvarado y su despliegue en los medios de comunicación. La mañana del domingo 24 de mayo, en el programa Mesa Central de Canal 13, el bi-ministro (de Interior y Secretaría General de Gobierno) frenó la marcha forzada de Hacienda y anunció su disposición a extender el debate legislativo más allá de junio.

Para viabilizar el proyecto y mitigar el rechazo de la oposición, Alvarado adorna la megarreforma con una fachada social. El Ejecutivo promete:

  • ●  Bonos focalizados para familias vulnerables.
  • ●  Subsidios directos a la contratación.
  • ●  Medidas para frenar el alza de las tarifas eléctricas.

Todo este anuncio constituye un evidente voladero de luces. Funciona como una estrategia de distracción ante la opinión pública para ocultar el beneficio mayor. El Ejecutivo usa estas soluciones parche como moneda de cambio frente a los parlamentarios. Alvarado compra tiempo en el Congreso ofreciendo migajas asistenciales mientras asegura el blindaje del objetivo central: consolidar la impunidad tributaria de la elite financiera a precio de liquidación.

El silencio cómplice del duopolio

Mientras La Moneda opera esta maniobra, las publicaciones del lunes 25 de mayo en la página C2 de El Mercurio y en la página 4 de La Tercera reducen el conflicto a un simple problema de plazos y gestión de liderazgos.

El periodismo corporativo invisibiliza la enorme transferencia de riqueza escondida en el proyecto de ley. Los grandes medios impresos amplifican el voladero de luces de las ayudas sociales para limpiar la imagen gubernamental y protegen con un cerco comunicacional el mayor perdonazo heredado de la dictadura en las últimas décadas.

Observatorio de Medios ICAL