En estos casi seis meses de Gobierno, solo en dos oportunidades se ha visto al panel de Mesa Central complicado o perplejo.
La primera fue a propósito de la valoración positiva que obtuvo China y Xi Jinping, muy por sobre Donald Trump, en la encuesta Criteria. Hoy ese asombro se ha vuelto a repetir frente al derrumbe de las expectativas económicas y a las distintas variables asociadas a seguridad, empleo y situación económica. Los números de la edición de Criteria del domingo 6 de septiembre son categóricamente malos para el Gobierno de Kast y para sus pretensiones de supremacía ideológica y cultural.
La encuesta Criteria de esta semana mostró:
1. José Antonio Kast cae a un 30% de aprobación, mientras la desaprobación sube al 58%.
2. Respecto de la decisión del Presidente Kast de no exigir a Argentina un documento que reconozca la soberanía de Chile sobre el Estrecho de Magallanes, un 43% está en desacuerdo, un 41% de acuerdo y un 16% no tiene una opinión clara.
3. Un 51% califica como mala la situación económica del país, mientras la evaluación sobre el rumbo general también empeora: un 52% cree que Chile está retrocediendo.
4. Al preguntar quién tiene responsabilidad en el mal rumbo del país, los consultados responsabilizan principalmente al Gobierno de Kast. Esta alternativa aumenta ocho puntos y alcanza un 38%.
5. Un 42% cree que el Gobierno improvisa en materia económica, es decir, que no tiene un plan. En materia de generación de empleo, un 45% piensa lo mismo.
6. Un 62% cree que existe mucha o bastante presencia de bots en las redes sociales, mientras un 59% considera que estos influyen mucho en la decisión de voto.
El Panel de Mesa Central desconcertado
Lo hemos anticipado en observatorios anteriores: la joya de la corona de la derecha chilena ha sido históricamente su autoproclamada capacidad para generar desarrollo económico y, por esa vía, generar empleo.
Durante años han endosado a los llamados “zurdos empobrecedores” los males de la sociedad. Esa estrategia les ha permitido conquistar y mantener adhesiones. Por eso, perderlas duele, y mucho.
Todos los panelistas coinciden en la urgencia de enfocarse en medidas de corto plazo para mejorar la economía y el empleo. Pero también parecen darse cuenta de que, con una caída de la inversión pública del 14%, el escenario se vuelve extremadamente complejo, tanto como para que la propia doctrina del Gobierno termine abriéndose a subsidios destinados a enfrentar el desempleo.
El panel de Mesa Central apunta a los errores del Gobierno, a su falta de pragmatismo y al desorden producido por el intento de “copar” la agenda y mantener el control de ella. El problema es que, al distraerse en cuestiones ideológicas y dogmáticas, el Gobierno terminó dividiendo al oficialismo y alejándose de los problemas concretos de la ciudadanía.
Respecto de la situación internacional, los panelistas miran con preocupación la arremetida de Argentina sobre la soberanía del Estrecho de Magallanes. En ese contexto, Enrique “Kike” Mujica intenta responsabilizar a Alberto Fernández y al Gobierno de Boric por la situación actual.
Sin embargo, llama la atención que prácticamente no se haga referencia a la supuesta buena relación del Presidente Kast con Javier Milei y Donald Trump, un elemento que tampoco debiera ser obviado al analizar el escenario internacional.
Sobre el escándalo Cerimedo, la referencia fue somera. Solo se planteó que podría generar más coletazos de los que hoy se creen. Es evidente que existe incomodidad para abordar el tema, particularmente en Canal 13, considerando que en septiembre de 2025 un miembro del directorio del canal, Patricio Góngora, debió renunciar luego de un reportaje de Chilevisión que lo vinculó con la cuenta anónima de X —antes Twitter— “Patito Verde” y con una presunta red de bots destinada a atacar a figuras políticas.
“Yo no sé por qué mi Dios le regala con largueza sombrero a quien no tiene cabeza”
Los bots, Cerimedo y la mentira han calado en la ciudadanía. Y esto, probablemente, sea solo la punta del iceberg.
No solo se ha intoxicado la opinión pública; también existen cuestionamientos respecto de los vínculos de Cerimedo con actividades ilícitas y acusaciones judiciales que hacen aún más grave el personaje del que estamos hablando. Es ese personaje el que ha afirmado haber controlado elecciones y se ha jactado públicamente de ello.
La encuesta Criteria preguntó, de alguna manera, por la presencia de bots en las redes sociales y su eventual influencia sobre el voto: ¿existe una alta presencia de bots en las RR. SS.? ¿Han influido en las decisiones electorales?
Eso parece casi obvio. Pero la pregunta verdaderamente relevante es otra: ¿está bien que ocurra?
¿Es simplemente un dato de la causa? ¿No pasa nada? ¿Seguimos “avanzando” como si nada?
El primer semáforo amarillo aparece cuando la encuesta consulta por el proceso constitucional y el plebiscito de Apruebo o Rechazo.
Respecto del año pasado, sube al 36% el porcentaje de personas que creen que el país estaría mejor si se hubiera aprobado la propuesta constitucional.
Este aumento adquiere especial relevancia cuando comenzamos a conocer antecedentes sobre la participación de bots y redes de desinformación durante el proceso electoral.
La derecha sigue reduciendo el debate a episodios como el de Rojas Vade y al convencional que votaba desde la ducha. Pero rara vez se mencionan con la misma intensidad los mensajes que llamaban a rechazar la propuesta porque supuestamente “les iban a quitar la casa”, porque “los mapuches tendrían una justicia solo para ellos” o porque “les quitarían los fondos de pensiones”.
Y ni hablar de las falsas versiones de la Constitución que circularon y fueron distribuidas durante la campaña.
A cuatro años del triunfo del Rechazo tenemos, al menos, una certeza: la mentira existió.
Se ejecutaron estrategias que incluyeron granjas de bots, falsificación de documentos, desinformación y afirmaciones falsas. Todo ello se vuelve aún más grave si consideramos que una parte importante de los votantes ni siquiera leyó la propuesta constitucional. A muchos les bastó con recibir determinados mensajes, creerlos y votar en consecuencia.
Y esto puede traer más coletazos de los que hoy se creen.
Chile se cae a pedazos
Y luego de apenas seis meses aparece una palabra que debe resultar aterradora para la ultraderecha y para la llamada “derechita cobarde”:
Chile no avanza. Chile no progresa. Chile RETROCEDE.
Con ello comienza a desmoronarse uno de los pilares ideológicos centrales de la derecha: la idea de que sus recetas económicas constituyen la respuesta natural a los problemas del país.
Porque hay una realidad que empieza a imponerse: los problemas del capitalismo no necesariamente se resuelven con más capitalismo.
Los cambios en la geopolítica mundial están golpeando el equilibrio de los poderes fácticos. El escenario internacional exige modelos de desarrollo más inclusivos, capaces de poner en el centro el bienestar social y las condiciones concretas de vida de las personas.
La mentira puede alcanzar para ganar un Gobierno, pero no necesariamente para sostenerlo.
La realidad cotidiana de las capas medias y de las familias trabajadoras no desaparece por decreto. Cuando los ingresos no alcanzan para vivir y los beneficios del crecimiento se concentran en una pequeña minoría, el discurso ideológico comienza a chocar con la experiencia cotidiana.
Basta con hacer un ejercicio tan simple como ir a la feria para comprobar cómo ese golpe de realidad cala profundamente, tanto entre los pequeños comerciantes y feriantes como entre los consumidores.
Durante la discusión de la Mega Reforma advertimos sobre la implementación de una política económica peligrosa, de inspiración ochentera, que difícilmente produciría los resultados esperados. Se planteó la necesidad de contar con un plan y, más aún, con un pacto social para el desarrollo y el empleo.
Y aquí estamos.
La ciudadanía comienza a pensar que el país RETROCEDE.
Y entonces aparece el boomerang lanzado durante el Gobierno de Boric:
“Chile se cae a pedazos”.
El Patio trasero de EE. UU. y la ultraderecha mundial
En medio de un conflicto de proporciones dentro del oficialismo, de la estrechez económica que viven las familias trabajadoras y de un Imacec que deja poco espacio para el optimismo, la ultraderecha internacional se ha permitido hablar a destajo sobre nuestra historia, nuestra memoria, nuestra identidad y nuestra soberanía.
En la edición anterior señalábamos que, para la ciudadanía chilena, ni Javier Milei ni Donald Trump cuentan con una valoración especialmente positiva.
En el Foro de Madrid, Milei insultó a un Presidente democráticamente electo como Salvador Allende y reivindicó un golpe de Estado que provocó un enorme sufrimiento en nuestro país.
Lo curioso es que, al hablar de los “zurdos” como corruptos y “mugrosos”, omita cuestiones que afectan a su propio sector, como los cuestionamientos asociados a las criptomonedas y otros episodios controvertidos.
Del mismo modo, resulta difícil hablar de corrupción sin recordar que Augusto Pinochet fue investigado por hechos de enorme gravedad, entre ellos las cuentas descubiertas en el caso Riggs.
La propia ultraderecha internacional enfrenta, además, cuestionamientos relacionados con casos de desvío y malversación de fondos, como los que han afectado al entorno de Viktor Orbán, y ahora las controversias asociadas a Cerimedo.
Como corolario, el embajador de Estados Unidos, Jude, se jacta de lo fácil que sería aplicar la Doctrina Monroe durante la administración de Kast y, de paso, Milei nos termina vinculando a un conflicto con Inglaterra por las Malvinas.
Si después de todas estas declaraciones los ciudadanos chilenos no creyéramos que somos el patio trasero de alguien, al menos podríamos comenzar a pensar que tenemos un Presidente que pesa menos que un paquete de cabritas.
La situación geopolítica nos va a golpear con fuerza.
Las pretensiones de Estados Unidos, Israel y Argentina sobre la Antártica y el Estrecho de Magallanes son evidentes y, frente a un Presidente cuya credibilidad y capacidad de conducción aparecen cada vez más cuestionadas, la situación se transforma en un escenario de máxima preocupación.
El problema ya no es solamente quién gobierna Chile.
El problema es qué proyecto de país estamos construyendo, con qué capacidad económica, con qué cohesión social y con qué autonomía para defender nuestros intereses nacionales frente a un mundo cada vez más complejo.
Observatorio de Medios ICAL
