Columnas

Tiempo y espacio político

A pocos días del inicio del nuevo gobierno y a meses que concluya el trabajo de la Convención Constitucional se estrecha el tiempo y el espacio entre la institucionalidad constituida y la constituyente. El Poder constituido -donde no sólo se aloja la derecha- se resistirá a sucumbir, por tanto, impedirá que se concrete el resultado del poder constituyente.

Ambos caminos desembocan en una misma dirección, donde el producto del poder constituyente debiera transformarse paulatinamente en nuevo poder constituido. Desde la perspectiva de la Convención, crear un nuevo Estado y para el ejecutivo sentar las bases de la nueva institucionalidad.

El resultado del plebiscito de salida indicará si existe coincidencia entre la mayoría de la sociedad y el nuevo marco de relaciones sociales y políticas. La pregunta es si esa mayoría se expresará gracias al conocimiento del texto constitucional o por el constante trabajo del cerco comunicacional que oculta, invierte o distorsiona deliberadamente la realidad.

El futuro del gobierno que comienza está estrechamente supeditado al resultado de la Convención Constitucional que mostrará un camino para administrar o transformar. En un primer momento el ejecutivo y, en especial el presidente de la República, han desarrollado una serie de acciones con un alto grado de simbolismo político, lo que indica que existe un compromiso con un pasado de luchas con sus triunfos y sus derrotas, reconocimiento a aquellos históricamente postergados como pobladores y pueblos originarios. Pero lo simbólico sólo es real cuando se convierte en realidad, es decir en práctica.

Sin embargo, en este difícil primer tiempo que se extenderá hasta el plebiscito de salida de la futura Constitución, se deben resolver algunas cosas; primero finalizar con la instalación gubernamental, lo que indicará cuál es la verdadera correlación de fuerzas internas dentro de la coalición “Apruebo Dignidad” y el peso real que tendrán aquellos convocados a ser parte del ejecutivo y que están fuera de AD.

La primera tensión para resolver es si existe un acuerdo transversal, o dicho de otra forma de no haber acuerdo, si serán mayoría aquellos que aspiran a superar el neoliberalismo o los que apuestan por no superarlo por completo atenuando las transformaciones. Tensión que también se encuentra presente en el oficialismo en el parlamento, por motivos menos elegantes que la disputa ideológica por un modelo de sociedad, como no perder su escaño en el senado.

El gobierno tiene un programa que debe ser explicado y priorizado distinguiendo los tiempos entre lo urgente y lo importante. El rumbo hasta el plebiscito de salida se basa en establecer qué se va a hacer, cómo se hará y los tiempos en que se implementará.  El sujeto de la pedagogía política es la ciudadanía la que alberga grandes esperanzas en las transformaciones. Este paréntesis anterior al parto constituyente debe ser de absoluta claridad entre lo urgente y lo importante, tomando en consideración la piedra de tope que es la institucionalidad vigente de manifiesto con la Constitución de 1980.

La definición política del tiempo y espacio, obviamente, no es simple de definir por el acuerdo dentro del propio ejecutivo y el oficialismo en el congreso y los partidos, por las gigantescas expectativas ciudadanas expresada por movimientos y organizaciones sociales. Además, por el trabajo tendencioso al rechazo de los medios de comunicación y por la acción de la oposición, potencialmente, oposiciones individuales o colectivas donde producto del del empate parlamentario minorías políticas buscarán protagonismo para voltear la balanza hacia sus propios intereses para mantenerse en pantalla o vigentes.

Las tensiones y conflictos se superan con dirección política, la que debe entender como horizontal y colectiva porque se construye, y que se distancia del manoseado concepto de liderazgo de corte empresarial que es individual y vertical porque se impone.

Paralelamente el gobierno requiere acompañar el trabajo de la Convención Constitucional, convención que deberá generar las condiciones para ampliar los mecanismos de participación política más allá del acto electoral que, en definitiva, es la única forma de reconciliar y mantener actualizada permanentemente la sociedad con la institucionalidad.

Los partidos de AD y todos aquellos que se sientan convocados deben prontamente trabajar para el triunfo del apruebo el próximo domingo 12 de junio. Para obtener el triunfo, nuevamente, es el tiempo de la pedagogía política para explicar el qué, cómo y por qué cambia la institucionalidad hacia un nuevo tiempo y espacio político. Porque lo que está en juego es más que un gobierno y sus figuras, sino que el destino del conjunto de la sociedad.

 

Por Fernando Bahamonde

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