El discurso político del gobierno: medallas o pololas

Publicado en Jun 20, 2018 - 11:52am [179 lecturas] .

Sergio Reyes Tapia / Periodista / Editor general de prensa Radio Nuevo Mundo / Magíster en Comunicaciones y Políticas Públicas Ph. D. Comunicaciones.

Hemos visto a la ministra vocera de gobierno Cecilia Pérez en un punto de prensa defendiendo y justificando las nuevas descalificaciones que hace el mandatario en contra de las mujeres. La situación ofensiva ocurrió cuando Piñera felicita al atleta Tomás González, y rebaja los éxitos deportivos del gimnasta a un mero trofeo de cantidad de mujeres poseídas por éste.

¿Cómo se explica que la vocera de gobierno, quien ha sufrido el constante matonaje del machismo, se sienta en la obligación de respaldar y justificar a Piñera en ese chiste machista?

Una explicación para entender a la ministra podría ser que Piñera en su aprendizaje diario de asociación de ideas, recibe las señales del ambiente, y éstas las traduce sólo para afianzar la regla machista, de la que Cecilia Pérez, podría adscribir encubiertamente.

Pero más allá de aquello, la ministra Pérez cumple muy bien su cometido de defensa de Piñera ante la prensa, porque trata de articular un pensamiento normal, obviando los dichos del mandatario y contraponiéndolos con posibles acciones futuras del Ejecutivo en aparente beneficio de las mujeres.

De esta manera, la vocera coloca y maneja signos lingüísticos que sientan otras premisas quedando el machismo presidencial en suspenso y perdiéndose en el aire, en la ilusión y en la expectativa creada, en este caso con el proyecto del gobierno de la Agenda de la Mujer.

Lamentablemente lo que hace la ministra Cecilia Pérez es enmascarar el estado real de las cosas al defender a Piñera, perjudicando enormemente a sus pares: las mujeres; y de paso, minimizando la Agenda de Género que el gobierno deberá implementar.

Al respecto y en términos generales Slavoj Zizek, lo dice claramente: la ideología derechista es experta en ofrecer a la gente la debilidad o la culpa como un rasgo de identificación; encontramos trazas de ello hasta en la comunicación política de Hitler.

Recordemos que la gente se identificaba con los estallidos histéricos de rabia impotente de Hitler. Hoy, algunos reconocen  esas “piñericosas”, como histeria de rabia, que con nombre inocente –piñericosas- el mandatario termina ocultando esa mirada de poder en “la otra”, y en “nuestras mujeres”, las que son diariamente violentadas, incluso por él.

Esas piñericosas que protege la vocera, no son ni más ni menos que la ayuda para encubrir al machista que el gobierno posee y lleva en sí, y que buscan sea amable. La vocera trata de ocultar esos rasgos violentos.

Lamentablemente de esos rasgos que tratan de esconder incluso la primera dama podría dar fe, quien sonrojada ha debido resignarse públicamente de los chistes del marido machista presidente.

La vocera debe recordar que la ex senadora Lily Pérez arremetió contra el machismo de “Chile Vamos”, y especialmente dedicó algunas palabras a Piñera, a quien reconoció como una persona que no es feminista, al contrario, señaló.

La vocera, quien hace un muy buen trabajo desde el punto de vista de blindar comunicacionalmente al mandatario, debe recordar que también hizo lo mismo cuando Pablo Zalaquett era alcalde de La Florida, y ella su concejala más cercana; y como tal defendiendo lo injustificable.

Esa torpe defensa que hizo Cecilia Pérez a favor de Zalaquett en La Florida, fue prevenida por algunos cronistas quienes recibieron un llamado telefónico de la actual ministra para rechazar los avances en sus tareas profesionales.

A pesar de lo dicho, esperamos que la vocera no se identifique con esa imagen patriarcal de Piñera, reproduciéndolo en la similitud, y menos que lo conciba y trate de ser como él, porque la imitación elude la semejanza, o afinidad.

Si las cosas son así, el proyecto de agenda de la mujer del gobierno sólo sería un slogan, un desvío para la profundización del sistema neoliberal; que es un sistema patriarcal y machista por excelencia.

 

Leave A Response