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Las ciencias en un nuevo modelo de desarrollo

Las líneas que siguen parten de la base de que nuestro país necesita un nuevo modelo de desarrollo, terminando con el que hoy impera, a saber, el neoliberalismo que es un sistema complejo de dominación que abarca todas las actividades humanas.

 

La característica del neoliberalismo ha sido la hegemonía que ejerce el capital financiero sobre otras formas de desarrollo del capitalismo. Algunos lo han asimilado a términos como “globalización de la economía capitalista” o simplemente “globalización de la economía.”  Esta hegemonía no se remite ólo a los aspectos económicos. A nadie escapa que, una vez establecida una forma de dominio en la sociedad, su mantención depende de establecer formas institucionales de hegemonía ideológica, en otros términos, de inculcar supuestos valores inmanentes y naturales que favorezcan su reproducción. Y esto nos lleva a preguntarnos ¿de cuál libertad individual nos hablan hoy los liberales, que aseguran respetarla a todo evento, si sus ataduras invisibles, basadas en la alteración de valores humanos, la suprimen de hecho?

 

Asimismo, esta compleja forma de dominación ha requerido terminar con el concepto de Estado Nacional, garante de los derechos fundamentales del ser humano organizado en sociedad. Se ha buscado reemplazarlo por un Estado subsidiario, transformando la mayor parte de sus funciones en “nichos de mercado”, abiertos a la iniciativa privada transnacional. El ideólogo de las transnacionales, Kenichi Ohmae dedica su obra [5] a analizar la necesidad de terminar con el Estado-nación para la expansión capitalista en la época de la globalización. Su análisis se basa en la evolución de lo que él llama las cuatro íes: industria, inversión, individuos e información. Ohmae plantea la noción de protoestados basados en regiones definidas más bien por la dinámica del capitalismo financiero (inversión), controlando al mismo tiempo la información, favoreciendo la visión individualista que permite ampliar el concepto de mercado a todas las necesidades humanas, ampliando el concepto de industria a actividades de servicio.

 

En casi medio siglo de implementación de estas políticas neoliberales, ha habido una radical transformación de los valores humanos: la descarnada competencia entre los individuos puesta al centro de toda actividad, anulando todo comportamiento solidario, pisoteando la ética, valorando el éxito por la acumulación de bienes, generando desigualdades sociales nunca vistas antes, pero también muchas de ellas no percibidas por poblaciones alienadas por la acción de los medios de (des)información.

 

¿Y la ciencia en todo esto? ¿Como se le concibe en esta ideología dominante? Destaquemos algunos aspectos importantes de analizar.

 

La revolución científico-técnica ha transformado las ciencias en fuerza productiva directa. Lo que se descubre hoy pasa a ser usado en la producción en un plazo mucho más breve que hace diez o veinte años. Por una parte, el desarrollo de la ciencia en el actual modelo capitalista de sociedad, (fenómeno ya descrito por Marx) a través del aumento de la productividad que generan los descubrimientos y su transferencia tecnológica, aumenta la tasa de explotación. Sobran los ejemplos ya desde la época de la revolución industrial, hasta los contemporáneos con el explosivo aumento de la robótica que busca disminuir el gasto en salarios. Antaño, la transferencia tecnológica se hacía en los lugares donde el capitalismo industrial estaba fuertemente desarrollado, y esto iba unido a fuertes desarrollos científicos, poderosas escuelas del pensamiento que buscaban atraer a talentosos científicos de países eufemísticamente llamados “en vías de desarrollo” para participar en el crecimiento del país de acogida, lo que se dio en llamar fuga de cerebros.

 

La excepción, hasta la década del 90, fue la del campo socialista, que desarrolló otra visión del trabajo científico-tecnológico, la búsqueda de nuevo conocimiento universal que permitiera también aumentar la producción, pero centrada en satisfacer las necesidades del ser humano, disminuyendo el trabajo duro, para entregar mejor calidad de vida a los trabajadores.

 

 

Por Rolando Rebolledo

Doctor en Ciencias y Académico

 

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