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Sindicalismo con perspectiva de género transformadora

Este artículo da cuenta de la exposición que realizara para la escuela sindical Rosa Luxemburgo de Ical, donde, primero, me referí brevemente a qué es lo que entendemos por género; segundo, realicé una revisión de  algunas cifras de la realidad de las mujeres y el trabajo del sindicalismo en Chile; luego, en tercer lugar, para preguntarnos y cuestionarnos por qué hacer una perspectiva de género en el trabajo sindical, pero además una perspectiva de género que voy a plantear desde ya como una perspectiva de género transformadora.

 

Digo esto no para ponerle un título “sexy” a la exposición, sino porque precisamente es lo que queremos hacer. Perspectiva de género tiene una Evelyn Matthei, una ministra Cubillos, o una Enna Von Baer, o una senadora Van Rysselberghe, y es una perspectiva de género que pretende mantener el statu quo, mantener discriminaciones hacia las mujeres. Lo que nosotros queremos, lo que buscamos es una perspectiva de género transformadora, por eso es que le asignamos este apellido porque, precisamente, hay sectores que quieren mantener la situación como está, e incluso retroceder en derechos ya conquistados por las luchas de las mujeres y mujeres trabajadoras.

 

En ese sentido, quiero rescatar la concepción de género que se acuñó en el año 1995, en la Cuarta Conferencia de Acción Sobre la Mujer en Beijing, China, que son los papeles sociales constituidos y construidos para la mujer y el hombre, asentados en su sexo. Entonces, el concepto de género no sólo va a establecer la mirada sobre la realidad de las mujeres, y en este caso del mundo del trabajo y el mundo del sindicalismo para las mujeres, sino que también va a establecer la mirada sobre cómo a las mujeres y a los hombres nos han enseñado a ser hombres y mujeres.

 

Es claro que hay una base que está puesta sobre la realidad sexual, del sexo biológico que tienen las personas, pero que dependen en particular del contexto socioeconómico, político y cultural en el cual ellas viven, y por lo tanto en su contexto histórico específico; y están mediados también por otros factores como la edad, la clase, la raza, la etnia. Hoy día, también, debiéramos agregar la identidad de género a esta mediación.

 

La construcción social y cultural del género, tradicionalmente, ha considerado a las mujeres inferiores, dependientes, las “débiles”, “el sexo débil”. Pero también las ha confinado al espacio privado, al espacio doméstico, y al de la reproducción. Por reproducción nos referimos al tema de tener los hijos y las hijas, cuidarlos, criarlos, y también a hacer el trabajo doméstico. Eso es bastante injusto, porque hasta donde yo sé – y supongo que todas y todos ustedes saben también- los hijos no los concebimos solas; aquí hay dos, aunque sea por inseminación artificial, tiene que haber dos participantes en el proceso. La responsabilidad de la reproducción de los hijos y las hijas es de dos, haya o no relación de pareja entre quienes conciben a los hijos.

 

Por eso lo queremos decir claramente, porque luego esto va a tener consecuencias en varias de las situaciones que queremos expresar con respecto a corresponsabilidad de hombres y mujeres en primera instancia, y también una corresponsabilidad del conjunto de la sociedad.

 

Por Claudia Pascual Grau

Antropóloga Social

 

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