Columnas

Apuntes sobre la CEP y la crisis (cambio) social

La tradicional entrega de la Encuesta CEP, que siempre concita la atención de la ciudadanía y, sobre todo, del mundo político, nos permite tener diversas dimensiones de análisis de los efectos y características de lo que ha sido el denominado estallido social del 18-O.

La primera conclusión, sin dudas mediante, es el desplome total del Presidente Piñera, que con un 6% de aprobación bate todos los records habidos en la materia. Su rechazo, además, alcanza un 82%, lo que nos da cuenta de un país cuyo gobierno carece de toda legitimidad en el contexto actual, un país inmerso en un proceso constituyente propiciado por la movilización social de un conjunto mayoritario de actores y ciudadanía que ha dicho basta al abuso, a la desigualdad, la discriminación y al neoliberalismo.

Es interesante también el que sus resultados nos permiten asociar este proceso a una mayor politización. Un 27% de los encuestados asistió a alguna marcha; en tanto, un 57% indica que hubo tensión en los espacios familiares entre adultos y jóvenes, lo que da cuenta de la conversación política como espacio de interacción cotidiana. La percepción de la calle, y lo que se aprecia en las manifestaciones y en los espacios cotidianos, da cuenta de un cambio sustancial en el rol de control social y político de la ciudadanía sobre los asuntos públicos. Esto es clave si se mira en perspectiva de transformación social, pues si hay algo que el proceso transicional propició, sobre todo en su primera década, fue la despolitización social lo que, entre otros factores, explica la ruptura de la institucionalidad con la ciudadanía. En este sentido, este proceso ha reforzado esa característica que ya era consenso entre el mundo político, académico y social previo al 18-0. En efecto, la CEP nos arroja un alza de dicha desconfianza en las instituciones, las cuales en su totalidad aumentan el grado de rechazo ciudadano, lo cual trae la necesidad de repensar los marcos institucionales y democráticos de nuestra sociedad. Una clave puede ser recoger por qué algunos no han sufrido caídas significativas en este contexto, como es el caso de los municipios y los sindicatos.

Junto al desplome del gobierno, baja de manera sustancial la priorización ciudadana de la agenda de seguridad, en tanto la delincuencia, asaltos y robos caen de un 51 a un 26% de las menciones, lo cual es altísimo si se considera el discurso criminalizador que asocia la movilización a la violencia y al saqueo, que tanto el gobierno como los medios de comunicación hegemónicos han instalado de manera persistente. En contrapartida, aumenta la valoración de los derechos sociales, como son pensiones, educación y salud, tal como nos mostraron los resultados de la reciente consulta municipal, y se instalan como los principales problemas a solucionar, aumentando de manera considerable las menciones de priorización; de 46 a 64% en el caso de pensiones; 34 a 46% en salud, y; 30 a 38% en educación; siendo éstas, además, las 3 primeras prioridades ciudadanas.

Por su parte, aumenta la valoración de la democracia, subiendo de un 52 a un 64 %, lo que hace pensar que sociedades movilizadas y participativas profundizan la democracia, todo lo contrario de lo que el paradigma neoliberal pregona. La encuesta también ratifica el apoyo mayoritario a una nueva constitución, un 67% versus solo un 13% de rechazo, la cual posibilita generar un nuevo marco para un nuevo trato entre nuestro(s) pueblo(s).

Finalmente, otro dato a considerar es que el mundo local, territorial, que representan los municipios y los alcaldes, se consolida como un espacio estratégico para recuperar las confianzas políticas, pero, sobre todo, se relevan como espacios de transformación social, en tanto puede mejorar el buen vivir y bienestar del pueblo. Si bien todos los actores políticos bajan su aprobación, destaca que la mayor validación la alcanzan dos alcaldes, Joaquín Lavín y Jorge Scharp.

Interesante hubiera sido conocer el nivel de aprobación del alcalde Daniel Jadue pero, ya sabemos, todas las encuestas tienen sus sesgos. En este caso, aparece como inexplicable la ausencia del alcalde de Recoleta. Visto desde otro punto de vista, su exclusión se explica de manera muy clara: no es conveniente, en este contexto, correr más riesgos que acentúen la profundidad que pueden alcanzar los cambios que están en curso. Al fin y al cabo, la CEP es la CEP.

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