Columnas

El asalto a los cielos debía esperar, la historia no.

Cuando en 2014 nace Podemos como herramienta para superar el bloque tradicional bipartidista lo hace pensando en “asaltar los cielos”. El 26-J de 2016 con la celebración electoral y el nacimiento de Unidos Podemos –se construye un paraguas donde se incorpora Podemos, IU (PCE) y actores de las naciones periféricas– todas las encuestas, y nosotros mismos, creímos que el tan ansiado sorpasso al PSOE teorizado por Julio Anguita, líder histórico de IU y el PCE, se haría realidad. Sacamos 71 diputados y más de cinco millones de votos, pero no fue suficiente ya que el PSOE nos superó en votos y escaños, lo que le permitió mantener el rol simbólico de principal fuerza de la oposición y de la izquierda.

 

Nuestra apuesta por acabar con las políticas neoliberales y echar al partido más corrupto de Europa del gobierno[1] provocó que, en 2018, Unidos Podemos le montara una moción de censura –algo parecido a la acusación constitucional en Chile– al PSOE de Pedro Sánchez sin haber movido un solo dedo. Llevándolo a Moncloa, palacio presidencial en España.

 

El gobierno en solitario del PSOE, con menos de 90 parlamentarios duró un año y nos llevó a nuevas elecciones. Los resultados fueron malos para el espacio del cambio, no hay lugar para la autocomplacencia, perdimos dos millones y medio de votos y treinta diputados, hasta quedarnos en 42. El PSOE, en una decisión incomprensible y suicida, prefirió repetir elecciones. Incomprensible porque los números daban para generar un acuerdo progresista, y suicida porque ofrecía una segunda oportunidad a una derecha completamente alejada de los parámetros liberales del resto de Europa, que abrazaba las propuestas de la extrema derecha de Vox, particularmente con el conflicto territorial –catalán–.

 

Nuestra hipótesis es que el PSOE quería aniquilarnos, o al menos, reducirnos a la irrelevancia. Los resultados del 10 de noviembre, de nuevo, aunque malos, –nos quedamos en los 35 escaños y volvimos a perder 7 escaños y otro medio millón de votos– nos permitieron, paradójicamente, ser más decisivos de lo que lo éramos con 70. Cosas de la política.

 

La derecha se radicalizaba, Ciudadanos pasaba de tercera a quinta fuerza perdiendo más de dos millones de votos y Vox de quinta a tercera ganando más de un millón, no parece muy complicado saber cómo fue el trasvase de votos en la derecha.

 

La ruleta rusa del PSOE a punto estuvo de terminar en tragedia al convertir a la extrema derecha en una figura política de relevancia. Por suerte, la suma de la izquierda ha seguido sumando, y el martes 12 de noviembre nos despertábamos con una sorpresa inesperada y esperanzadora: habría gobierno de progreso a través de la coalición entre Unidas Podemos y el PSOE, Pablo Iglesias sería vicepresidente del mismo, y en el consejo de ministros habría miembros de Podemos/IU. Lo impactante de este anuncio es que será el primer gobierno de coalición desde la Segunda República, y será, igualmente, el primer gobierno desde la República que contará con ministros de partidos a la izquierda del PSOE.

 

El impacto histórico que esto supone para un país como España, acostumbrado a gobiernos monocolor, es enorme, pues rompe con una cultura política instalada en la transacción y que llegaba hasta nuestros días. Además, situar a una figura como Pablo Iglesias en la vicepresidencia del gobierno es ofrecer un altavoz mediático sin parangón al que, sin duda, es el político más brillante, astuto y audaz que hemos tenido en los últimos veinte años.

 

A nivel geopolítico es situar en el gobierno de la cuarta economía del Euro un ejecutivo “marcadamente progresista” –como ha señalado el propio Pedro Sánchez–, con todo lo que ello supone a la hora de construir relaciones e incidir en la Unión europea. Ofreciendo una alternativa a la doctrina austericida y neoliberal que se ha instalado a partir de la crisis de 2008.

 

Pero por lo que nos implica, también con Latinoamérica, permitiendo generar un polo progresista, junto con alguno de los gobiernos de la región, que haga la función de cortafuegos a unas oligarquías completamente enajenadas y a la ofensiva ante el retroceso de los proyectos transformadores.

 

Podemos decir que cuantitativamente hemos retrocedido, pero políticamente hemos avanzado, y se abre la posibilidad para crecer cualitativamente a partir del desarrollo de medidas que permitan mejorar la vida de las personas, profundizar el Estado de Bienestar y frenar el avance de los proyectos fascistas en Europa.

 

Igor Alzueta Galar.

Podemos en Chile.

 

[1] https://www.lasexta.com/programas/el-objetivo/prueba-verificacion/pablo-iglesias-repite-insistentemente-que-el-pp-es-el-partido-mas-corrupto-de-europa_20170614594116ae0cf26e79abad1cc0.html

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