Pablo Monje-Reyes

Administrador Público

Magister en Gestión y Políticas Pública

La proyección de los ingresos con la cual se elaboró el presupuesto, tiene varios elementos implícitos de carácter político que es necesario mirar críticamente. Los ingresos tributarios netos crecen 4,1%, van de 34.368.053 MM$ de pesos 2018 a 36.843.886 MM$ pesos 2019. La discusión la abren en sub ítem la tributación minera privada que marcaría una caída en su contribución de -6,6%, que va de 1.371.407 MM$ del 2018 a 1.319.885 de 2019, (las cifras 2019 son proyecciones). Los ingresos netos de contribuyentes crecen en un 4,5%, de 32.996.645 MM$ de pesos 2018 a 35.524.000 MM$ de pesos 2019. Datos recogidos del Informe de Finanzas Públicas. (DIPRES) Proyecto de Ley de Presupuesto del Sector Público para el año 2019. En las cifras mencionadas hay aspectos críticos que pasamos a analizar.  

Primero, el crecimiento de los ingresos no se genera de los grandes capitales asociados a la minería privada. Más bien caen, como lo dice el informe, con la típica señal que los mercados internacionales fijan el precio de la libra de cobre, la cual ha estado a la baja y en donde la empresa minera no puede intervenir. Por otro lado, no hacen referencia a la eficiencia productiva del sector y a la asignación de altos costos a planas ejecutivas nacionales e internacionales. Es importante decir que, de los ingresos por impuestos, el impuesto a la minería privada solo representa 3,58%, según las cifras aportadas por el mismo informe.

Segundo, el crecimiento de los ingresos se encuentra asociado a los siguientes tributos, a saber: impuesto a la renta, IVA, Productos específicos, Tabacos y cigarros, Combustibles, Actos Jurídicos, Comercio Exterior y Otros de difícil clasificación.

Las proyecciones más importantes en términos de participación de los ingresos 2019 del gobierno, son el impuesto a la renta aporta un 41,1% (incluye impuesto a la explotación de la minería privada) y el IVA aportará el 49% (Pp. 28).

El Informe de Estadísticas de las Finanzas Públicas 2008 – 2017, de mayo 2018, muestra que los ingresos fiscales son explicados en promedio de la siguiente manera para el año 2017. El 40,6% se recauda por medio del impuesto a la renta y el 48,9% se recauda por medio del impuesto al valor agregado IVA (impuesto al consumo), siendo estos impuestos los más significativos y de alto impacto en los ingresos de la nación. En el año 2014 estos indicadores eran distintos. Los ingresos por impuestos a la Renta eran de un 38,8% y en el caso del IVA el 49,5% (Pp.78). Para acortar esta brecha medió la reforma tributaria del gobierno de la Nueva Mayoría. En términos reales, la reforma tributaria tuvo un impacto positivo pero marginal en los ingresos de la nación. Pagaron más los que pagan renta, es decir, los más ricos. En el caso del IVA, lo pagan todos los consumidores y consumidoras, ricos y pobres, no obstante, los más pobres pagan el 100% de ingresos, en cambio los ricos solo pagan lo que consumen y parte de su consumo lo traspasan a costo de sus empresas.

Por último, en el 2014 la diferencia entre la recaudación que se generaba entre el impuesto a la renta y el IVA era de 3.153 MM$ de pesos, en el 2017 la diferencia es 2.567 MM$ de pesos. La tasa de crecimiento del impuesto a la renta entre 2014 al 2017 fue de un 21,7% (variable por año). La tasa de crecimiento del IVA para el mismo periodo fue 12,2% (variable por año). Estos datos nos muestran lo correcta de la reforma tributaria de la Presidenta Bachelet. Los antecedentes permiten ver, porqué el gobierno de Piñera quiere llevar a la más brevedad posible una reforma tributaria que borre lo realizado por la estructura tributaria en ejecución.

Volviendo al análisis del presupuesto, se puede concluir que los ingresos de este siguen siendo regresivos, su principal línea de financiamiento es el IVA. Ahora bien, si se mantiene la política tributaria, esta brecha se irá acortando, situación que la derecha quiere terminar en el más breve plazo, ya que es uno de los acuerdos de campaña con los grandes empresarios.

Tercero, los supuestos de crecimiento económico están en el marco de una economía dependiente. Ese es un gran reconocimiento implícito de la derecha, reconocen el alto nivel de dependencia con el cobre y las proyecciones del mercado mundial. Proyectan un crecimiento del PIB chileno del 3,8%, en donde suponen lo siguiente: “la demanda interna continuará siendo el pilar del crecimiento económico, basada en la consolidación del fuerte dinamismo de la inversión que se proyecta para 2018, y un consumo privado apoyado por una mejora en el mercado laboral, gracias a la creación de más empleos de calidad” (pp. 25). Sin embargo, los indicadores de empleo de este mes dicen todo lo contrario, la tasa de desempleo se elevó hasta 7,1 en el trimestre julio–septiembre.

Por otro lado, proyectan un crecimiento que en promedio es más alto que nuestros principales socios comerciales: EE.UU. 2,7%; Zona Euro 1,9%; Japón 0,9% y economías emergentes: América Latina 2,6%, solo China e India tienen índices de crecimiento altos, 6,4% y 7,5% respectivamente (pp.25). ¿Quién puede creer que nuestra economía crecerá más que nuestros principales socios comerciales? Esto deja mucho que pensar del análisis del gobierno. A esto se agrega que las proyecciones de ingresos por impuesto al cobre van a la baja en -6,6% (pp.10). Entonces, es imposible pensar que si la actividad minera del cobre va a la baja (sus propias proyecciones), y proyectan un precio bajo de la libra de cobre: US centavos $300 de dólar, y un tipo de cambio de 650 pesos por dólar, pueda haber una mayor tributación minera al Estado en el futuro.

Sorprende que concluyan que la economía chilena (pp.25) va a crecer solo una décima menos que el crecimiento mundial proyectado en el mundo: 3,9% (datos de FMI). A renglón seguido de este análisis y proyecciones deficientes, declaran sus reales intenciones políticas de clase: “… por cierto, la aprobación del proyecto de modernización tributaria, con sus medidas pro inversión, simplificación tributaria y de apoyo a la construcción de viviendas para la clase media, es un factor que podría dar más fuerza a la recuperación económica en curso” (pp.25). Este el designio de la recuperación económica que propone la derecha. Menos impuestos a la renta, borrar la tributación que va en crecimiento a partir de la reforma tributaria del gobierno de la Nueva Mayoría. En la práctica, los ricos sigan siendo más ricos, los trabajadores dueños del factor trabajo, con menos empleo y con más responsabilidad tributaria sobre el presupuesto de la nación. Quien financia las políticas de reactivación económica en Chile para la derecha es el ciudadano o ciudadana que tiene un sueldo que lo gasta en bienes y servicios de consumo que pagan IVA.

Es absolutamente abusivo exigir a todas y todos los chilenos recursos para subsidiar la inversión privada. Se les cobrara menos impuestos a los empresarios, y se asignarán recursos públicos a estos para mejorar su “competitividad” de sus inversiones.

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